domingo, 29 de marzo de 2015

¡NO SEAS IMPULSIVO!


Las personas con una adecuada capacidad de Autocontrol son capaces de inhibir sus impulsos y controlar sus deseos y urgencias personales, lo que pueden hacer de varias maneras: mostrándose organizadas, disciplinadas, y perfeccionistas, con escasa tolerancia al desorden; o cumplidoras en sus deberes y respecto a las normas, y perseverantes; o realistas, prácticas y más orientadas a los datos observables que a la fantasía; o tomándose la vida más seriamente, mostrándose poco dadas a la diversión y escasamente espontáneas.
La necesidad de gratificación inmediata

Frente a las personas impulsivas, las personas que se autocontrolan son capaces de demorar voluntariamente en el tiempo la obtención de gratificaciones inmediatas. Mientras que la impulsividad conlleva la necesidad de conseguir lo que se desea lo antes posible, por ejemplo en el caso de un adolescente que no puede resistir la tentación de ponerse a ver la televisión o jugar a la videoconsola a pesar de tener un examen próximo que aún no tiene preparado: no puede evitar optar por la gratificación inmediata de ver su programa favorito en la televisión, aunque le reste un tiempo valioso que le lleve inevitablemente a suspender el examen dentro de unos días.

La evidencia experimental

La capacidad de Autocontrol es uno de los rasgos de personalidad que mejor predice el éxito en los estudios, y en el trabajo, así como la satisfacción con la propia vida, por encima incluso del nivel intelectual.

Así se puso de manifiesto en los años 60 en un ingenioso estudio de Walter Mischel, investigador de la Universidad de Stanford, realizado con niños de 4 años de edad, denominado el “Test de la Golosina”, que evidenció que a esta edad tan temprana ya existen claras diferencias entre unos niños y otros en relación a su capacidad para contener el impulso de comerse una golosina que tienen a su alcance cuando se quedan sin la supervisión de un adulto. El investigador ofreció a cada niño dos golosinas en lugar de una, si era capaz de contener su deseo de comérsela mientras se quedaba solo. La mayoría de los niños fueron capaces de demorar la gratificación de comerse la golosina, utilizando estrategias de distracción tales como cantar o jugar, o simplemente darle la espalda a la golosina, para no verla. Mientras que los niños más impulsivos se abalanzaron sobre la golosina en cuanto se quedaron solos. Lo interesante del estudio radica en el seguimiento realizado doce años después, encontrándose que los niños capaces de controlarse a una edad temprana, continuaban haciéndolo años después, y habían desarrollado una mayor resistencia a las frustraciones, eran más equilibrados, sociables, decididos, constantes y emprendedores, y mostraban una menor tendencia a desmoralizarse.
 
Desarrollo evolutivo

Evolutivamente, la capacidad para resistir los impulsos posponiendo las gratificaciones mediante un autocontrol que tiene como objetivo lograr otras metas más satisfactorias a largo plazo, comienza a desarrollarse a temprana edad y se consolida en la adolescencia y en la edad adulta.

Estrategias para aumentar el Autocontrol

Para aumentar el Autocontrol es importante diferenciar las gratificaciones orientadas principalmente al logro de metas a largo plazo, de aquellas exclusivamente dirigidas a alcanzar metas inmediatas que dificultan la consecución de las primeras. Estas últimas son consideradas gratificaciones negativas.
Algunos ejemplos de gratificaciones negativas son: a) comerse un buen trozo de chocolate para “calmar” la ansiedad en contra del objetivo de mantener una dieta equilibrada; b) no soportar la espera hasta que nuestro hijo de 20 años nos telefonee para informarnos que ha llegado bien al destino de su viaje, y anticiparse a su llamada de forma desesperada telefoneándole en cuanto se calcula que acaba de aterrizar su avión, frente al propósito de aprender a vencer mis miedos a que le haya pasado algo malo; o c) no soportar mucho tiempo sin comunicarse con una amiga que se ha enfadado injustificadamente, y acabar telefoneándole y cediendo una vez más, cuando el objetivo era hacerse respetar de una vez por todas.

Por lo que identificar la posible inadecuación de las gratificaciones para lograr metas de mayor relevancia a largo plazo es una de las principales estrategias para aumentar el Autocontrol en las que los Psicólogos Clínicos pueden ayudarnos.
Otra estrategia consiste en contar con un repertorio de posibles gratificaciones inmediatas ante situaciones de “urgencia” que no interfieran en mis metas, como alternativa a las gratificaciones negativas. Ejemplos de gratificaciones positivas, serían: a) buscar alternativas más positivas al consumo excesivo de chocolate para calmar la ansiedad y que no obstaculicen la dieta, como realizar un deporte que resulte gratificador, o desahogarse por teléfono con una amistad; b) y c) o planear una actividad gratificante y que permita mantenerse ocupado, como irse al cine a ver una buena película para soportar mejor la espera hasta tener noticias del hijo que está de viaje, o la espera hasta que la amiga “castigadora” se dé cuenta que esta vez no va a conseguir manipularnos injustificadamente con su silencio y acepte que tiene que respetarnos.

Y otras estrategias son la distracción, la utilización del apoyo social para ayudarse a demorar la gratificación, o la visualización de los aspectos negativos de una gratificación inadecuada. 
Es decir, no debemos obviar que la capacidad de Autocontrol de los impulsos es fruto del aprendizaje. Incluso con respecto a nuestros propios hijos, a los que podemos ayudar a entrenarla, por ejemplo si no les damos todo lo que piden inmediatamente, si les enseñamos a comer de forma variada y no sólo unas pocas comidas que son las únicas que dicen que les gustan, si les enseñamos a cumplir primero con sus obligaciones (por ejemplo, deberes y estudio) antes de dedicarse a las actividades que más les gustan, o si les animamos a hacer frente a sus temores injustificados en lugar de evitarles pasarlo mal.

 

domingo, 22 de marzo de 2015

"¡SOCORRO! TENGO ANSIEDAD"

 
¿Qué es la Ansiedad?
 
La Ansiedad es un mecanismo de alarma que se activa ante cualquier percepción de “amenaza” o “peligro” real o imaginario, cuyo objetivo originariamente en nuestra especie ha sido lograr nuestra supervivencia (como en el caso de peligros que pueden resultar mortales), pero también puede activarse ante situaciones en que simplemente vemos peligrar nuestro ego, como en las que tememos hacer el ridículo o que piensen mal de nosotros. Por lo que aun tratándose de un mecanismo innato que se activa automáticamente, también puede hacerlo en las situaciones más absurdas fruto de nuestras propias experiencias previas y nuestros aprendizajes, como es el caso del temor a la falta de orden o de simetría en algunos objetos, el miedo a ser abandonados afectivamente, el temor a no hacer las cosas perfectas, etc. La mejor manera de conceptualizar la Ansiedad es asemejarla al miedo, la preocupación o la obsesión.
 
La Ansiedad positiva y la Ansiedad negativa
 
Efectivamente existe un tipo de Ansiedad que puede considerarse positiva, en la medida en que es facilitadora y ayuda a afrontar peligros reales activándonos física y mentalmente (por ejemplo, nos ayuda a esquivar un vehículo que viene hacia nosotros y no parece que vaya a detenerse mientras cruzamos un paso de peatones, o nos ayuda a pensar más deprisa para responder el máximo número de preguntas de un examen importante).

Y existe otro tipo de Ansiedad negativa, que aparece en forma de miedo o preocupación excesiva en situaciones en que no existe una amenaza o peligro real, como es el caso de subir en ascensor, hablar en público, o notar somatizaciones en nuestro propio cuerpo tales como palpitaciones o sensación de mareo. Esta ansiedad negativa en la medida que nos produzca un malestar o limitación clínicamente significativos, requerirá un esfuerzo para superarla en ocasiones incluso con ayuda psicoterapéutica, psicofarmacológica o con ambas.
 
El sistema nervioso simpático y parasimpático
 
El sistema nervioso que activa nuestro mecanismo de Ansiedad es el Sistema Nervioso Autónomo y más concretamente el Sistema Nervioso Simpático que nos prepara para la acción. Su antagonista se denomina Sistema Nervioso Parasimpático, y es el responsable de la relajación o disminución del nivel de estrés. Ambos sistemas se activan prácticamente a la vez ante la percepción de amenaza o peligro predominando la activación nerviosa, hasta que ésta comienza a disminuir imponiéndose el S.N. Parasimpático.
 
Muchas personas desconocen este funcionamiento de nuestro propio sistema nervioso por el cual la Ansiedad excesiva acaba siempre por controlarse, por lo que erróneamente llegan a necesitar controlar la Ansiedad de inmediato, o en caso contrario creen que continuará aumentando o se mantendrá a un nivel tan alto que les llevará a sufrir algún fallo de gravedad en su organismo, por ejemplo un infarto, temor que por otro lado aumenta más aún su Ansiedad, instaurándose en un círculo vicioso del que les cuesta mucho salir. Así suele ocurrir con los Ataques de Pánico o Crisis de Ansiedad, en los que el miedo se dirige a la falta de control de la propia Ansiedad y de su sintomatología asociada.
 
Los tres "ingredientes" de un trastorno de ansiedad
 
El componente más visible de la Ansiedad son los Síntomas físicos o psicológicos, principalmente las palpitaciones, la opresión en el pecho, la dificultad para respirar, la sensación de mareo y el malestar en el estómago. Constituyen las señales más claras de que estamos ansiosos.
 
Pero existen otros dos componentes que suelen pasar desapercibidos, y cuya importancia en la clínica de la Ansiedad es fundamental. Por una parte los Pensamientos e Imágenes, que suelen tener características catastróficas acerca de la posibilidad en la ocurrencia de algo malo o de no poder soportar la situación temida, que pueden aparecer de forma automática y que están directamente relacionados en muchas ocasiones con la activación de la ansiedad al percibirse una amenaza o peligro.
 
Por otro lado, las Conductas o formas de reaccionar ante la situación que nos produce Ansiedad, de gran relevancia cuando se trata de conductas de huida de la situación temida (por ejemplo marcharse a casa, o marcharse del lugar donde lo estoy pasando mal), conductas de evitación (por ejemplo no volver a ese lugar donde lo he pasado mal), o conductas de seguridad (por ejemplo acudir acompañado, o llevar las pastillas en el bolsillo continuamente como medida de protección).
 
¿Qué hace que se mantengan los problemas de Ansiedad?
 
Son precisamente este tipo de conductas mencionadas, cuya funcionalidad no es otra que la de aliviar el miedo lo más inmediatamente posible, las que también impiden superarlo cuando se trata de situaciones en las que no existe amenaza o peligro suficientes, ya que dichas conductas de evitación, huida o seguridad tienen una segunda funcionalidad, en este caso a medio y largo plazo, al impedir que nuestra mente logre la habituación esperable a estas situaciones hasta controlar el nivel de ansiedad, por lo que nuestro cerebro sigue valorándolas como peligrosas, y sigue activando el mecanismo de alarma una y otra vez, incluso tan solo con pensar en ello.
 
En ocasiones, consideramos que no tiene importancia tenerle miedo a algo o padecer una única Fobia. Lo que solemos desconocer es que a partir incluso de un único miedo se puede llegar a generalizar dicho miedo a otras situaciones parecidas o a futuros miedos sin relación alguna, es decir desarrollamos cierta vulnerabilidad a nuevos problemas de Ansiedad.
 
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lunes, 16 de marzo de 2015

CONSECUENCIAS EN LOS HIJOS DE LA ALIENACIÓN PARENTAL

Si la Alienación Parental es o no un “Síndrome” que pueda ser diagnosticado como tal, si es un “Trastorno mental” o un “Problema clínico”, no debería hacernos olvidar que la manipulación de los hijos en contra de un progenitor desgraciadamente existe y que les afecta de forma más que significativa en su desarrollo psicológico, requiriendo la necesaria atención psicosocial y clínica.

¿"Síndrome" clínico o no?
El escepticismo de algunos Jueces hacia la conceptualización de la Alienación Parental como un “síndrome” clínico, al considerar que no nos encontramos ante una auténtica “enfermedad con un conjunto de síntomas propios”, puede llevarles incluso a negar su existencia, y plantea la polémica de forma innecesaria en términos que nos alejan del verdadero núcleo de la cuestión, que son los propios hijos y cómo alcanzar su mejor bienestar.
En cualquier caso, la propia definición de “síndrome” describe también un grupo de “fenómenos propios de una situación específica”, como en el caso del Síndrome de Estocolmo (propio de personas secuestradas que llegan a comprender las razones de sus captores y establecer un vínculo afectivo con ellos), o el Síndrome de la mujer maltratada, o los síndromes de Mobbing o Bullying, hacia cuya existencia judicialmente no parece existir tantas dudas.
¿"Trastorno mental" o "Problema clínico" que puede ser objeto de atención clínica?

Por otro lado, conviene tomar en consideración que si bien la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales editado por la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5, 2014) no ha llegado a incluir a la Alienación parental entre sus Trastornos mentales, sí ha incluido entre los “Problemas que pueden ser objeto de atención clínica” a varios en los que puede encajar la Alienación parental, como el de Maltrato Psicológico infantil y el de Niño afectado por una relación parental conflictiva.

Basta con que un Psicólogo o un Psiquiatra detecte alguno de estos nuevos diagnósticos en su informe pericial, que sí están reconocidos en el DSM-V (aunque se trate de Problemas y no de Trastornos), y que identifique una conducta alienante que sea causa del problema, para que estemos hablando de una auténtica Alienación Parental, se denomine Síndrome o no, Trastorno o Problema.

Consecuencias de la Alienación Parental
El máximo exponente de la campaña de denigración hacia un progenitor propio de la Alienación Parental, se alcanza cuando sus propios hijos llegan a rechazarle u odiarle, sin experimentar sentimiento alguno de culpa ni el menor asomo de duda al respecto, que puede ocasionar el alejamiento y a largo plazo incluso la ruptura de la relación paterno-filial. Todo ello en unas ocasiones por imposición del otro progenitor, y en otras ocasiones por sentencia judicial al no valorarse suficientemente el origen del rechazo y atribuirse erróneamente a una mala relación paterno-filial, o por tener que tomarse en consideración la opinión de los menores al alcanzar cierta edad. Debe tenerse en cuenta que la Alienación Parental no sólo se da en situaciones de divorcios conflictivos, sino también en el contexto de familias intactas o cuyos progenitores no se han divorciado.

Las consecuencias más habituales en los hijos del proceso continuado de denigración de la figura de uno de sus progenitores por parte del otro que deben ser evaluadas en el Informe Pericial Psicológico, son las siguientes:

  • El rechazo hacia el progenitor alienado puede producir un deterioro de la relación que mantiene con sus hijos, que se retroalimenta a consecuencia de los numerosos conflictos que el propio rechazo ocasiona: los niños pueden mantener una actitud oposicionista hacia cualquier iniciativa suya y negativista a seguir sus normas, lo que provoca discusiones que retroalimentan su propio rechazo. A consecuencia de todo ello la relación con el progenitor rechazado puede no llegar a ser nunca positiva.
  • Los hijos llegan a olvidar los buenos recuerdos vividos con el progenitor rechazado, a la vez que cada vez son menos los futuros buenos momentos que pueden crearse al permanecer en continuo estado de oposición, lo que retroalimenta su consideración de la ausencia de aspectos positivos del progenitor, y consecuentemente el rechazo y el odio hacia éste.
  • La falta de relación en condiciones adecuadas con el progenitor rechazado puede producir en los propios menores una sensación de vacío y de pérdida, especialmente con el paso del tiempo, en muchas ocasiones incluso aunque ellos mismos lleguen a la conclusión de que prefieren no recuperar ya la relación perdida.
  • Por otro lado, el rechazo hacia uno de los progenitores que debe servirles de modelo a seguir en su comportamiento futuro, puede producir en los hijos disfunciones en sus relaciones con otras personas del mismo género de aquellos.
  • A la vez que el modelo principal que sí que permanece en sus vidas, el del otro progenitor, se constituye como un modelo desadaptativo para los hijos al promover el rencor y el odio sin motivo suficiente y al establecer la evitación y el distanciamiento como formas de vinculación emocional en sus relaciones afectivas (de tipo evitativo), y al mostrar características de personalidad disfuncionales, especialmente una importante falta de empatía.
  • La psicopatología propia de los hijos víctimas de la alienación parental puede incluir desde sentimientos de culpabilidad, de aislamiento social, baja autoestima y síntomas depresivos al descubrir la injusticia en la que participaron, hasta problemas para relacionarse socialmente, comportamientos de irritabilidad frecuentes, sentimientos de insatisfacción crónica con su cuerpo y con su propia vida, ansiedad, problemas de la conducta alimentaria, problemas de rendimiento académico y en algunos casos tendencia al abuso de alcohol y drogas, o ideación suicida. Y debido al casi único modelo de referencia del que han dispuesto en su infancia, tienen una mayor probabilidad de un funcionamiento similar al del progenitor alienante, y por tanto basar sus relaciones de pareja y de afecto en general en una gran exigencia y culpabilización externa hacia los demás por sus propios problemas por su escasa resistencia a las frustraciones, falta de empatía, posible dependencia emocional, y reacciones pasivo-agresivas.

La Alienación Parental supone una forma de maltrato de los menores inmersos en ella que puede producir un daño psicológico incluso superior al daño físico de otros tipos de maltrato. No olvidemos que actualmente el daño psicológico ha sido equiparado legalmente en España al daño físico, por lo que frenar dicha campaña denigrante y alienadora hacia un progenitor debería constituir un objetivo primordial de nuestro sistema judicial si lo que se pretende es proteger de forma garantista el desarrollo psicoemocional de los menores, y a ello puede contribuir de forma decisiva el Informe Pericial Psicológico.


domingo, 8 de marzo de 2015

"¡TE VAS A ENTERAR!" UN CASO DE DENUNCIA FALSA POR ABUSO SEXUAL

 
¿Se imagina recibir una llamada del GRUME (Grupo de Menores de la Policía Nacional) o de la Guardia Civil citándole en sus dependencias para informarle que su expareja ha presentado una denuncia contra usted por presunto abuso sexual de su hija de corta edad?
 
Incredulidad, rabia, incluso odio, seguramente serían sus primeras reacciones emocionales, pero la más importante y la más incapacitante no sería otra que la de impotencia, especialmente cuando descubriera que la base de dicha denuncia ha sido simplemente la respuesta afirmativa de su hija a una pregunta directa y no exenta de cierta intencionalidad realizada por su expareja en relación a si su padre “le toca en sus partes” así como un leve enrojecimiento “de origen inespecífico” en la zona genital.
 
Se preguntará cómo es posible que dichas escasísimas señales puedan llevar a nadie a tener la más mínima sospecha que puedan deberse a un posible abuso de estas características. Seguramente a una persona bienintencionada le sería prácticamente imposible establecer dicha relación causa-efecto. Pero, ¿y si están ustedes en pleno proceso de divorcio y su expareja a pesar de lo mucho que se han querido y los muchos años que han convivido juntos, ha pasado a constituirse en su principal enemigo? Aun así le resultará difícil de creer, sobre todo si usted es de esas personas que jamás llegarían a traspasar esa línea que delimita aquellas cosas que por mero respeto a nuestros semejantes, a nuestros hijos e incluso a nosotros mismos, jamás deberíamos sobrepasar. Pero es que para la persona que es capaz de interponer una denuncia de esta gravedad aún a sabiendas que es falsa, posiblemente dicha línea sea muy muy fina.
 
Características de personalidad más habituales de los denunciantes
 
La tipología del patrón de personalidad de aquellos que pueden llegar a realizar este tipo de denuncias falsas no es única, pero la experiencia clínica y forense nos dice que puede darse en personas que carecen de la suficiente Empatía hacia los demás, quienes piensan principal o únicamente en sí mismas, y que aunque proclamen a los cuatro vientos que la denuncia la interponen por el bien de su hijos, generalmente ni están pensando en ellos, ni les preocupa su bienestar, ni tienen en cuenta que ellos serán los más perjudicados. O en personas con cierta Susceptibilidad y Vigilancia en cuanto a los motivos e intenciones de los demás, sintiéndose fácilmente atacadas y mostrándose a la defensiva. O en las que suelen mostrar Impulsividad y falta de Autocontrol, precisando una necesidad de gratificación inmediata, con escasa Resistencia a las Frustraciones. O en personas que suelen mostrar una tendencia a culpar a los demás de sus propias insatisfacciones y frustraciones, así como de no haber alcanzado sus metas en la vida, o que carecen de escrúpulos hacia aquellos de quienes pretenden vengarse, y que son capaces tanto de mantenerse en su propia opinión aún en contra de la existencia de suficientes evidencias que la avalen, como incluso de simular la ocurrencia de hechos falsos.
 
Generalmente estas personas pueden llegar a excusarse en razones del tipo “Yo no sé si ha pasado eso o no, yo no soy experto/a en este tema. Por eso denuncio para que los expertos miren a ver… Y si no ha pasado nada, pues mejor”. Excusas que podríamos llegar a comprender si no fuera por su ausencia total de remordimientos por el daño ocasionado, e incluso por la existencia de una clara intención de ocasionarlo.
 
Un proceso de Interferencia Parental
 
De todos los intentos por entorpecer la relación paterno-filial las denuncias falsas por abuso sexual constituyen el más mezquino de todos ellos y el de mayor repulsa social. Y suelen formar parte junto a otras muchas maniobras de un auténtico proceso de Interferencia Parental, en virtud del cual suelen pretender apartar a un progenitor de la custodia de sus hijos así como desacreditarlo y anularlo como padre/madre, o incluso de un proceso de Alienación parental para lograr que sea rechazado u odiado por aquellos.

Generalmente estas denuncias falsas suelen ocurrir en el contexto de un divorcio y estar motivadas en una venganza por el “tiempo perdido” o el esfuerzo dedicado a la pareja (al valorar el/la denunciante que ha dado mucho más que ha recibido, o que su expareja se ha aprovechado de él/ella) o por la consideración de la falta de una suficiente satisfacción de sus necesidades durante dicha relación, pero más frecuentemente su motivación radica en la ganancia que puede obtenerse al apartar al otro progenitor de la custodia, generalmente económica por la pensión alimenticia o el uso de la vivienda conyugal, aunque también puede tratarse de una ganancia o el intento de evitar una pérdida emocional al no ser capaz de asumir otro rol en el cuidado de los hijos que no sea el de único o principal progenitor.
 
Por otro lado, las dudas sembradas acerca del progenitor denunciado pueden hacer más daño que la propia denuncia al llegar a oídos de su entorno social, en el que algunas personas ya nunca más le mirarán de la misma forma que lo hacían antes de la denuncia, y que incluso pueden llegar a marginar a sus hijos con tal de evitar el contacto con el denunciado en un intento de proteger a los suyos propios.
 
Consecuencias en los menores
 
Por lo pronto, un menor inmerso en una denuncia por abuso sexual va a tener que pasar varios reconocimientos médicos y psicológicos en relación a un aspecto tan escabroso como éste. Así mismo puede llegar a sufrir una estigmatización tanto en relación al sexo, especialmente si los adultos están demasiado pendientes cada vez que regresa tras haber pasado el día con el otro progenitor, como en relación al propio progenitor denunciado, sobre el que se arrojan continuas dudas en cuanto a si es “malo”, si le puede “hacer daño” o hacia su capacidad más general para cuidarle.
 
Un caso real
 
Este tipo de situaciones son muy reales. En el caso mencionado la parte denunciante impuso la interrupción del contacto paterno-filial e intentó obtener ventaja de ello a pesar de los escasísimas posibles indicadores de abuso que sirvieron de base a la denuncia y la inexistencia de informes médicos confirmatorios. Por fortuna el progenitor denunciado recuperó la comunicación con la menor en base al Informe Pericial psicológico de familia que evaluó exhaustivamente la situación familiar, evidenció la falta de fundamentación de los hechos denunciados descartando el abuso sexual, y concluyó la existencia de un proceso de posible Interferencia parental.
 
Pero nadie podrá devolverle el tiempo perdido ni podrá resarcirle del coste emocional que soportó, como difícil parece borrar de la memoria de la menor las graves consideraciones que tuvo que escuchar o las dudas sembradas acerca de su padre.
 
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domingo, 1 de marzo de 2015

CUSTODIA DE MENORES Y ABUSO DEL ALCOHOL. UTILIDAD DEL INFORME PERICIAL


¿Hasta qué punto el consumo excesivo de alcohol por parte de un progenitor puede ser un obstáculo de relevancia en el ejercicio de la custodia de los menores a su cargo?
 
Características clínicas
 
El diagnóstico clínico del Abuso Patológico del Alcohol ha cambiado actualmente su denominación por Trastorno por Consumo de Alcohol (DSM-V, 2014), caracterizado por un patrón problemático de consumo de alcohol en los últimos 12 meses que provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo y que se manifiesta al menos por dos síntomas específicos de una larga lista, entre los que destacan por su relevancia: el incumplimiento de los deberes fundamentales en el trabajo o el hogar, la reducción de importantes actividades sociales, profesionales o de ocio, o el consumo en situaciones en las que provoca un riesgo físico (como en la conducción).
 
Asimismo la sintomatología propia de cada uno de los episodios de consumo perjudicial de alcohol puede incluir un comportamiento problemático o cambios psicológicos clínicamente significativos (por ejemplo: comportamiento sexual inapropiado o agresivo, cambios de humor o juicio alterado, llegando incluso a la celopatía o celos patológicos), así como habla pastosa, incoordinación, marcha insegura, alteración de la atención o de la memoria, e incluso estupor o coma.
 
Tasas de alcoholemia permitidas en la conducción
 
Si esta descripción clínica no les parece suficiente para valorar la relevancia del deterioro físico y comportamental asociado al consumo excesivo del alcohol, quizás la siguiente comparativa les parezca determinante. La consideración de las tasas de alcoholemia permitidas actualmente en la conducción de vehículos a motor es clarificadora: el máximo permitido para conducir vehículos de transporte de viajeros es de 0,3 gr/litro de sangre, tasa que se puede alcanzar ya con el consumo de una única cerveza; así como el máximo permitido para conductores normales es de 0,5 gr/litro de sangre, tasa que puede alcanzarse al consumir dos cervezas.
 
Es decir, nuestro Código de Circulación establece que el consumo de tan solo dos cervezas nos inhabilita para la conducción de nuestro coche, por el riesgo que entraña para nuestra propia seguridad y para la de los demás.
 
Abuso del alcohol y cuidado responsable de un menor
 
Y aunque la conducción y los cuidados de un menor especialmente de corta edad les puedan parecer difícilmente comparables, parece obvio que a una persona que no está apta para conducir nadie en su sano juicio se atrevería a dejarle siquiera que le cambiara los pañales a su hijo, y mucho menos que lo cuidara durante horas o durante toda una noche. Por tanto, ¿Qué tipo de cuidados responsables creen ustedes que puede proporcionarle a un menor un progenitor que presenta un patrón problemático continuado de abuso del alcohol?
 
Medida del abuso del alcohol
 
El informe pericial psicológico en procedimientos de guarda y custodia de menores debe ofrecer una valoración rigurosa de este importante indicador de desajuste psicológico (ante la aparición de indicios de su existencia) para descartar la posible existencia de riesgo psicosocial alguno para los menores, como garante de su interés superior.
 
Sin embargo, en algunos procedimientos judiciales he podido comprobar la inadecuada utilización que puede llegar a hacerse de los supuestos indicadores objetivos de consumo de alcohol, ya que ni los marcadores bioquímicos de las Transaminasas en sangre, ni los de Etanol en orina, ambas pruebas habitualmente realizadas en cualquier laboratorio, e incluso en las propias Unidades de Conductas Adictivas para evaluar el consumo de sus propios pacientes, constituyen un indicador suficientemente preciso de la abstinencia en el consumo de alcohol de un individuo, ya que o bien como en el primer caso requieren un consumo crónico durante años para detectar una alteración significativa (por otro lado sin especificación etiológica alguna, ya que puede tratarse simplemente de un problema hepático), o bien carecen de capacidad suficiente para detectar dicho consumo más allá de las 12 últimas horas (o hasta las 24 horas más recientes con algunos reactivos más sensibles) como ocurre en el segundo caso.
 
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